Mala alimentación, sedentarismo y neurodegeneración (Una historia nada dulce)

Cuidar nuestra salud cerebral es cuidar lo que comemos y lo que nos movemos.

Se han identificado mecanismos patológicos claros que apoyan una relación causal entre la desregulación del mecanismo de la glucosa y la neurodegeneración, según una nueva investigación.

Dicho de otra manera, los niveles de glucosa en sangre elevados de forma persistente representan un riesgo para la salud cerebral y la función cognitiva, y los causantes de esa desregulación progresiva del mecanismo de la glucosa son los mismos factores de riesgo que para la diabetes tipo 2: obesidad, mala alimentación e inactividad física.

La investigación en cuestión, Sugar in mind: Untangling a sweet and sour relationship beyond type 2 diabetes, empieza señalando que la noción de que la diabetes tipo 2 está asociada con la neurodegeneración, con el deterioro cognitivo, con la demencia y con la mortalidad no es nueva, y concluyen que  los niveles de glucosa en sangre más altos de lo normal contribuyen a los procesos neurodegenerativos.

Estos niveles de glucosa en ayunas elevados de forma persistente están asociados al encogimiento del cerebro (literalmente), a la pérdida progresiva de la función en varios dominios cognitivos, al desarrollo de la demencia y, en última instancia, a la muerte prematura. Los principales factores de riesgo de la diabetes tipo 2 (obesidad, mala alimentación e inactividad física) contribuyen de manera importante a estos efectos.

La cascada patológica que conduce a unos niveles de glucosa en sangre en ayunas más altos y finalmente a la diabetes tipo 2 generalmente comienza décadas antes, y comienza a afectar la salud cerebral y la cognición desde su inicio.

Como dice el autor de este estudio, el profesor Nicholas Cherbuin, en esta entrevista, An extra burger meal a day eats the brain away, muchas personas que tienen demencia y otros signos de disfunción cognitiva han aumentado su riesgo a lo largo de toda la vida al comer demasiada comida inadecuada y no hacer suficiente ejercicio.

Para hacerse una idea de la importancia del ejercicio físico en el correcto mecanismo de la regulación de la glucosa, compartimos este estudio que asocia claramente el hecho de tener una mayor masa muscular con una mejor regulación de la glucosa, y que concluye que tener una mayor masa muscular se asocia con una mejor sensibilidad a la insulina y un menor riesgo de prediabetes. En definitiva, en personas con poca masa muscular (personas sedentarias), incrementar la masa muscular, independientemente de la obesidad, mejora la regulación de glucosa en sangre.

Señala también el profesor Cherbuin que “hemos encontrado pruebas sólidas de que los hábitos alimentarios poco saludables y la falta de ejercicio físico durante períodos prolongados de tiempo ponen a las personas en grave riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y disminuciones significativas en la función cerebral, como la demencia o la contracción cerebral“.

En el caso de muchas de las enfermedades crónicas, cuando el daño se manifiesta en forma de enfermedad, el cuerpo lleva años sufriendo esos daños metabólicos, y por lo general este daño es mucho más fácil prevenir que curar. Y los mejores elementos de prevención son sin duda nuestros hábitos de vida globales.

En palabras del profesor, la neurodegeneración por lo general lleva años produciéndose por opciones del estilo de vida poco saludables, y el daño causado es muy difícil de revertir cuando una persona llega a la mediana edad, por lo que urge a la gente a comer saludablemente y hacer ejercicio ya desde niños y durante toda su vida.

Como sociedad, no solo comemos cada vez peor (exceso de azúcar, de harinas, de refrescos y de zumos, entre otras cosas, son algunos de los elementos de nuestra dieta que elevan significativamente los niveles de glucosa en sangre), sino que lo hacemos en mayor cantidad y frecuencia y en conjunción con unos hábitos cada vez más sedentarios, lo que supone una mezcla de factores que a la larga nos puede acabar causando distintas enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, enfermedades cerebrales o daño cognitivo.