Síndrome de la clase sentada

El síndrome de la clase sentada no es un síndrome tipificado como tal. Así es como nos referimos nosotros a un efecto o consecuencia que nos puede acarrear el sedentarismo o sentadismo crónico, como lo llamamos, el hecho de permanecer sentados durante largos períodos de tiempo. Y este efecto no es otro que la mala circulación sanguínea, que, en algunos casos, puede desembocar en situaciones más graves, como la insuficiencia venosa o incluso la trombosis venosa profunda.

Lo llamamos así, síndrome de la clase sentada, en comparación a un síndrome que sí que está tipificado, el síndrome de la clase turista, y con el que guarda muchas similitudes.

Pero veamos primero qué es exactamente eso del síndrome de la clase turista, y para verlo, nos vamos a la página de la compañía aérea Lufthansa, al apartado que habla de Salud en viajes, donde indican que:

“Un tiempo prolongado en posición sentada y sin moverse, como el que se pasa en un avión por ejemplo, reduce el flujo sanguíneo de retorno al corazón que, en situaciones normales, se genera de forma natural mediante el movimiento muscular. Esto puede dar lugar a una retención de líquidos, principalmente en las piernas. El aumento de la presión en los tejidos también contribuye a reducir el flujo sanguíneo de retorno.

Ocasionalmente, algunas personas pertenecientes a los distintos grupos de riesgo pueden llegar a generar un coágulo en la pared de la vena, que se conoce con el nombre de trombo y constituye un obstáculo adicional para el retorno de la sangre.

En casos muy aislados, una parte del trombo puede llegar a desprenderse y llegar hasta los pulmones a través del flujo sanguíneo. La obstrucción de un vaso sanguíneo debido al coágulo puede afectar seriamente a la capacidad de bombeo del corazón. Esta circunstancia se conoce como embolia pulmonar, una patología que, en casos extremos, puede ocasionar incluso un paro cardíaco”.

En la siguiente infografía de Airbus se puede ver más información al respecto:

Pero volvamos a la nota de Lufthansa y no olvidemos que “un tiempo prolongado en posición sentada y sin moverse reduce el flujo sanguíneo de retorno al corazón que, en situaciones normales, se genera de forma natural mediante el movimiento muscular”.

¿Y no os suena otra situación en la que pasemos tiempo prolongado en posición sentada y sin movernos, una mucho más habitual que volar?

En efecto, esa situación se llama vida moderna, donde nos vemos obligados a pasar horas y horas de sentadismo crónico ya desde niños, en la escuela, y de ahí en adelante cada día de nuestra vida.

Nos advierten de los peligros de posibles trombos al volar, pero no nos advierten tanto de lo que supone ese sedentarismo diario para nuestra salud, en este caso particular para nuestra circulación sanguínea, que depende en grandísima medida de nuestro movimiento, de nuestra actividad física.

Es el movimiento muscular el que genera el flujo sanguíneo de retorno al corazón, no lo olvidemos.

Y es el corazón el que bombea sangre a todo el cuerpo en cada latido, y solo podemos tener una buena salud cardiorrespiratoria a través del ejercicio y la actividad física.

La inactividad física nos puede perjudicar de múltiples maneras y a cualquier órgano o sistema de nuestro cuerpo, ya lo hemos visto en otros artículos de nuestro blog, y aquí vemos que puede afectar también a nuestra circulación sanguínea.

Contra el síndrome de la clase sentada, rompe ese sentadismo crónico de forma intermitente, levántate de la silla cada poco, muévete a menudo y de forma variada, practica movimientos que involucren todo tu cuerpo, fortalece tu corazón y activa tu musculatura. No hay mejor remedio para tener una circulación fluida, sin atascos.